jueves, 29 de julio de 2010

De Canadá para todo el mundo


Agosto. Ese era el mes elegido para el lanzamiento de The Suburbs, tercer disco de estudio de los canadienses Arcade Fire, pero el mundo digital -o más bien un ladrón digital (?)-decidió que ésta fecha se adelante unas semanas esparciendo por toda la web el disco completo y, dato no menor, a una calidad de sonido muy óptima.
Una gran expectativa giraba alrededor de esta nueva producción. No sólo era una de los lanzamientos más esperados de este año, sino que también este disco sería el escalón definitorio que los consagraría como banda o el que haría dudar a los críticos si no se encontraban frente a una estrella fugaz. Y por fortuna, esta última posibilidad se cae desde el primer tema.
El disco arranca con la canción que le da título al álbum, un tema con aires folk, bien cancionero. Un giro inesperado para lo que venía siendo su sonido, pero inmediatamente engancha con “Ready to Start”, un tema que ya vuelve más a los orígenes. Energía pop, pulso eléctrico y una atmósfera medio oscura para uno de los temas más sólidos del disco. “Modern Man” lleva una impronta de rock clásico pero -valga la contradicción- llevado a un plano bien moderno, con un corte de batería muy interesante que cambia los tiempos de la canción de manera abrupta.
Con un tono épico, apoyado en las melodías de violín y una atmósfera densa, “Rococo” aparece como la más experimental hasta el momento. El disco parece no dar respiro entre tema y tema. “Empty Room” arranca de la mano de unos violínes frenéticos que desencadenan en un tema con furia powerpop. Simplemente genial.
“City with no Children” pasa sin pena ni gloria basándose en unos sintetizadores y una de las melodías más luminosas (?) que haya entregado la banda, pese a tener una letra que no conjugue mucho con este adjetivo. El dúo “Half Light” y “Half Light II (No Celebration)” generan el clima ideal para la mitad del disco. La primera, una balada a lo Arcade Fire: jugando con violínes y guitarras acústicas, mientras la segunda arranca con un bombo en negras; pulso bailable y sintetizadores para un tema que en cierto aspecto rememora a U2.
“Suburban War”, es una de esas canciones que se convertirán en himno de los canadienses. Comienza como un arpegio de guitarra eléctrica en clean que ya denota el aire meláncolico de la canción que va increscendo hasta estallar en un final épico. El tema también sirve como un norte para entender este disco, en donde claramente se buscó una unidad. La letra de “Suburban War” incluye, como en un guiñó al oído atento, parte de el tandem inicial de “The Suburbs” y “Ready To Start”.
Continúa la acústica “Deep Blue” y otro de los temas más sólidos del disco, “We Used To Wait”. Un piano que taladra nuestros oídos desde el principio al final de la canción que sirve de base para que los Arcade Fire nos demuestren todo su arsenal. Un tema bailable, oscuro, rockero; bien Arcade Fire.
Para finalizar aparece otro dúo, “Sprawl (Flatland)” y “Sprawl II (Mountains Beyond Mountains), como en la anterior pero con menos efectividad. La primera aparece como una balada mientras que la segunda es el tema más ochentoso que la banda jamás allá hecho. Algo así como el “Heart of Glass” de Blondie pero del 2010. El disco cierra con una versión melódica de The Suburbs, dándole un final cíclico a esta obra.
“The Suburbs” es un disco que, justamente, encuentra su fortaleza en su condición de álbum, de unidad. Curiosamente en épocas donde cada vez se apuesta menos por un concepto, los Arcade Fire apuestan contra el sistema. No por nada, los temas más sólidos del disco son elegidos como corte de difusión para EEUU e Inglaterra respectivamente. “The Suburbs” es muy bueno. Mejor que Neon Bible, un disco que contenía una serie de grandes canciones junto con otras de un porte mucho menor, pero no llega a ser genial como lo es “Funeral”, tal vez el mejor disco debut para una banda en los últimos tiempos.
En una industria cambiante día a día, con el poder para destruir grandes artistas en segundos como de llevar al estrellato a muñecos prefabricados en el mismo tiempo, Arcade Fire se consolida a pasos firmes y con el arte como estandarte.

A continuación, We Used To Wait:

jueves, 15 de julio de 2010

Lisandro Aristimuño: El cantante de invierno


A Lisandro Aristimuño lo encaré lleno de prejuicios. Todas las flores que le llovían por cada disco que lanzaba o entrevista que leía no hacían más que alejarme (momentáneamente) de la escucha de su música. Lo que es la estupidez, pero bueno. Las tapas de los discos con su cara como insignia no me motivaba ni un poquito a insertarme en su música, mas me continuaba alejando. Vean la tapa de su disco 39º y parece más de un cantante melancopoplatino que de un artista de la talla de Aristimuño.

Pero finalmente salió Las crónicas del viento con un arte de tapa (no cara de tapa) y los carteles del ND Ateneo con el papel pegado encima de “nueva función” visto 3 veces seguidas me dió la sensación de que algo grande se me estaba escapando de las manos. Y la primera escucha costó, tal vez sobre todo acostumbrarme al timbre de su voz. Esa voz áspera y aguda que al principio molestaba, pero al entrar en su arte me dí cuenta que es perfecta en su imperfección. De ese disco doble, pasé a sus anteriores discos: 39º, Ese asunto de la ventana y Azules Turquesa.

Aristimuño propone un viaje a través de imágenes y colores que pinta mediante líricas de amor y desamor, con melodías que coquetean entre el folk y la canción melancólica a la Radiohead. Y fiel discípulo de los de Oxford la sonoridad no es un tema menor en sus discos que incluyen pasajes instrumentales experimentales, grandes arreglos vocales y una que otra sección de cuerdas que siempre ronda las canciones.

Como bien dijo en una entrevista, los discos de este patagónico “son de invierno” y haciéndole honor me decidí a escuchar su música en esta estación y ya tuvo efecto en mí convirtiendo algunas de sus canciones en himnos de mis días como el caso de la bellísima y genial “Blue”, un bossanova que pega derecho en el alma (más si de un corazón roto se trata), la simple y potente “Es todo lo que tengo y es todo lo que hay”, la oscura “Perdón” o la folkie “La última prosa”, solo para citar un par.

Te puede gustar más o menos pero no se puede decir que no es un artista que no vale la pena darle una oportunidad. Así que sí no lo escuchaste ahora es el momento, yo ya rompí mis prejuicios y hoy no puedo parar de escucharlo.



A continuación "Blue":

jueves, 8 de julio de 2010

Vandaveer: La perfección folk o algo muy cercano a ello


Vandaveer es la banda ideal para musicalizar un día soleado de invierno. Las canciones que componen Divide and Conquer tienen esa elegancia y melancolía del invierno con la dulzura y el calor de una tarde de sol. Y un gran porcentaje de esto es logrado gracias a la impecable voz de Rose Guerin, quien canta a dúo en todas las canciones con el líder de este proyecto, Mark Charles Heidinger.

El tema que abre el disco, no sólo le da nombre al álbum sino que actúa como una perfecta síntesis de lo que Vandaveer ofrece en sus canciones: melodías dulces y guitarras acústicas dirigiendo la función junto a un piano tímido que merodea por los compases de la mano de una percusión simple que acompaña en un costado a la canción.

“Woolgathering” se presenta como un tema alegre, en donde Heidinger y su guitarra dan cátedra de lo que es un tema de fogón. “A Mighty Leviatan of Old” se lleva todos los aplausos en este fogón imaginario, con un tema en donde la fuerza que se genera de la conjunción de ambas voces logran llamar la atención hasta del oído más sordo, especialmente las segundas voces de Guerin son un festín para el escucha. Se merece ser el futuro himno folk por excelencia

“Fistful of Soon” es una de las canciones que rompe con ésta estructura fogonera, siendo el tema más oscuro del disco y uno de los mejores. Los cantantes nos susurran la letra, la instrumentación de toda la canción parece tener miedo de sonar fuerte con excepciones en los estribillos donde se animan a soltar la timidez.

En “Turpentine” la banda logra concentrar la oscuridad de “Fistful of Soon” con la fuerza de “A Mighty Leviatan of Old” en un tema lleno de subibajas sonoros. Si hubiese algo parecido a un ranking con alguna etiqueta como “folk alternativo” éste sería el hit número 1. Por el contrario “Before the Great War” aparece como el tema más popero del disco, ese que entraría en cualquier radio y en cualquier horario.

Divide and Conquer es un disco que no pasa desapercibido, que invita a viajar por distintos paisajes sonoros a través de una fórmula simple, eficiente y porqué no perfecta: menos es más. Y vaya que lograron un disco que es más que mucho de lo que anda dando vueltas por el mundo musical de estos días.


A continuación "A Mighty Leviatan of Old":