miércoles, 23 de junio de 2010

Perdónalo porque no sabe lo que hace

Hace unos pocos días un amigo se compró en Taringa un clásico del rock de los 90 made in Seattle: Superunknown de Soundgarden. Automáticamente nos pusimos a hablar de las cualidades vocales de Chris Cornell. Ese hombre de refinado bigote y chivita cuenta con un timbre único, un rango vocal íncreible, una impronta de aquellas, de esas que no da lugar a confusiones.

Volví a casa y le dí play a Euphoria Morning, su excelente primer disco solista. Con eso me terminó de conquistar de vuelta, retomar ese álbum me dió el valor para bajar su último producto: Scream. ¿Porqué necesite valor? Por qué la prensa especializada lo destruyó de arriba a bajo, nadie rescataba nada de esta grabación y arriesgarme a des-enamorarme de este gran artista no era ninguna pavada para mis oídos. Ya su segundo disco solista fue un tropiezo, o más que un tropiezo un casillero en blanco. Un disco sin espíritu, con nada nuevo para ofrecer pero con algunas canciones que te hacían valer la escucha. A Scream, por el contrario, no se lo puede criticar por no innovar. Tal vez, lo hace demasiado.

En la tapa Cornell esta rompiendo una guitarra. Un llamado de atención ante lo que nos podríamos encontrar en el disco. Ya el hecho de estar producido por Timbaland (ese productor estrella del pop y hip hop) hizo que todos mis prejuicios salieran a flor de piel. Cuando tome el coraje suficiente di play al primer tema. Mi cabeza se convirtió en una licuadora de pensamientos. Lo primero que pensé fue a) esto es una joda, b) la crítica se quedó corta c) ¿me baje la música del Super Mario? El disco arranca con una intro (?) claramente inspirada en el soundtrack del Mario, más específicamente cuando ganas el nivel y llegás al castillo. Avanza el tema y se vuelve canchero, no llega a ser de boliche pero sí pseudo bailable. No está tan mal para un disco de un rapero featuring Chris Cornell. Pero no, la cosa no era así. Esto es un disco de Cornell y lamentablemente lleva su firma. Y no da lugar ni a un respiro, todos los temas están enlazados entre sí, como formando un gran opus generación 00. Los primero temas del disco ("Time", "Part of me") son los más logrados y mención aparte para la sorpresa del final: "Two Drink Minimum", un bluesecito guiado por una guitarra casi en clean, batería "a pulmón" y armónica inclusive. Una gota de esperanza para que sepamos que no todo esta perdido. El resto, más de lo mismo: mucho sintetizador y música de computadora.

No se puede decir que el disco aburre, todo lo contrario. Es entretenido, pero este estilo no le sienta bien. ¿Acaso necesitaba probar que es un artista versátil? No era necesario, ya lo había hecho. Sino escuchar la genial jazzera/soulera When I'm Down (de Euphoria Morning), la acústica Sunshower (del soundtrack de Singles) o cualquier tema de Soundgarden o Audioslave, para ver que es un artista de múltiples facetas. Algunos temas zafan más que otros, se te quedan pegados, por su melodía o porque empalagan a autotune y efectos innecesarios. Este álbum definitivamente fue un paso en falso, pero las esperanzas nunca se pierden y menos ahora que vuelve Soundgarden. Así que a sus compañeros de banda les pedimos, no sean malos y regálenle una guitarra nueva. El pobre la rompió para la tapa de un disco, no sabe lo que hace...



"Part of Me", Chris Cornell